¡Entren en su blog de literatura cutre!
Sí, damas y caballeros, conservo escrupulosamente unos estándares de baja calidad a los que me debo.

jueves, 1 de junio de 2017

No es mi cuerpo


You want them to notice
the ragged ends of your summer dress,
you want them to see you
like they see every other girl.
AGAINST ME!

No es mi cuerpo:

No, mi cuerpo no me desagrada. No está mal, es sólo que no es mío. Me miro al espejo y es raro. Mi mamá, perdón, mi madre siempre me dejó verla cuando se ponía esos potingues raros delante del espejo y se maquillaba. Aunque a mí los mejunjes no me van… supongo que no todas las chicas somos iguales. O igual es eso que dicen los mayores: “lo entenderás cuando seas mayor”, jo, odio esa frase…
Como no sé nada de mi padre, alguien sugirió que era demasiado peque como para entender quién era, que me había… ¿identificado?, sí, eso, con mi madre. Pero yo me miro al espejo y no acabo de entender mi cuerpo, es como… de otra persona, aunque sea mío.
Y no me desagrada, a mí me parece un cuerpo bonito, ¿pero seguro que debería hablar así de mi cuerpo? Porque no lo siento mío.
Mi madre me ha dicho que iremos al médico y que me pondrán bien, que seré una chica como todas las demás. Y yo me he puesto a llorar.
Y sigo llorando.
Qué tontería, ¿no?
Pero me siento muy feliz, así que lloro.
Me abracé a mamá con más fuerza que en toda mi vida.
Ahora seré quien soy. Supongo que suena raro, pero… yo no era esto.
Porque no es mi cuerpo, lo que yo soy no es mi cuerpo.
Hace unos meses me puse a leer sobre transexuales, los transexuales adultos. Ellos lo han pasado muy mal, se han burlado de ellos y… Leí el libro de una señora árabe a la que le pasó de todo, cosas horribles. No sé ni qué pensar: hay gente que ha muerto por esto, por estar atrapado en su propio cuerpo. Y no lo entiendo.
Pero toda esa gente ha dado su vida y ha luchado por que yo pueda llorar hoy de felicidad, porque mi madre no me pregunte nada de nada, sólo me diga: “¡vamos!”.
Y a mis amigos les da igual. A algunos chicos sí les importaba un poco.
Bueno, algunos me preguntaron que si me iban a gustar los chicos. Recuerdo haberme reído un montón, a mí siempre me habían gustado los chicos. Ni siquiera sabía que una tenía que elegir entre chicos y chicas.
Y Laura salió a defenderme, bueno, a luchar conmigo, que yo me defiendo muy bien solita. Porque él hace como que se afeita con su papá. Y, al igual que yo, pronto cambiará, ya está con el bloqueo de las hormonas, ¡qué morro! Me dijo que se llamaba Sergio.
Estoy corriendo a su casa, le llamaría, pero vamos juntos a jugar al fútbol.
Cuando le veo dando toques con el balón le digo:
–Sergio –y se gira sonriéndome–. Yo seré Marta a partir de hoy.
–¿Marta? –repite él y yo asiento–. Es un nombre bonito –y me pasa el balón.
Ahora todo es sencillo. A veces me pregunto si, en otro tiempo, Sergio y yo podríamos haber hecho otra cosa aparte de luchar. En unos meses sólo seré una chica más y a él le miraran como a cualquier otro chico.
Los mayores brindan por las cosas buenas, ¿no?
Pues nosotros sonreímos y jugamos porque somos felices.